Rafa Pérez Haro

Rafa Pérez Haro

C E R Á  M I C A

La arcilla es sin duda la materia prima más utilizada por el hombre desde los albores del desarrollo creativo de la humanidad. El descubrimiento de las  formas a las que después aplicó  utilidad diaria, permitió constatar las múltiples aplicaciones de la misma en las culturas más ancestrales, permitiendo  la especialización posterior, el desarrollo creativo permanente y la transmisión de estos conocimientos al resto de la comunidad y a otras sociedades. Al día de hoy, el proceso no ha terminado  y de manera sorprendente sigue  evolucionando sobre la misma materia con  añadidos conocimientos artísticos, nuevos sistemas y técnicas de cocción, y cientos de materiales descubiertos que complementan y que interactúan en el proceso creativo de los artesanos, de los ceramistas,  del ser humano.

En este segundo estadio del tiempo, la exigencia creadora reclama propuestas que van más allá de la  utilidad del objeto, se exige sacar de ellas mayores sutilezas y  las  percepciones que nos transmitan, nos obligan a reflexiones más analíticas, a  encuentros de pensamientos cruzados y de los sentimientos más profundos. Las insatisfacciones y las superaciones de cualquier  meta nos posibilitan ser mejores en todos los campos y  estar mejor preparados para dominar principalmente nuestras más inconscientes capacidades creativas. El hombre sigue sorprendiendo al hombre, ya no por la reproducción de lo físico, de copiar lo externo, sino por las coincidencias en las sintonías de los sentimientos más sensibles y conocimientos más profundos. No son los instrumentos en sí mismo los que nos unen, sino la sintonía común que producimos, escuchamos y  que nos conmueve.

Las obras para cualquier artista en estos tiempos debe tener, entre otras, una de las cualidades que tiene el espejo: la posibilidad de poder verse en ellas y además poder asentir sus peculiaridades, rasgos y definiciones características, amén del mensaje a veces oculto y otras veces como el eje central de la obra. La autenticidad es un sello de garantía, los errores no pueden ser presentados ni siquiera simulados; el artista lo sabe y la obra lo comunica a los cuatro puntos cardinales, antes o después.

El artista sabe por tanto, donde está el momento de no incidir más en la obra, de no tocarla más, ni siquiera con esa mirada cambiante y de exigencia permanente. Es ése  el momento cumbre de asentamiento mutuo, del enamoramiento final y de la reafirmación de ambos. Ahí, “El artista” deja su reflexión y su aceptación plasmada, la obra ya “Es en sí misma algo” y entra ahora en escena el mundo y su relación con ella. El espectador, su mirada y su conocimiento entran en busca de entendimientos, analiza  y  reflexiona, compara y critica, muchas veces despiadadamente. Ya se cerró un ciclo, ya nació otra criatura y empieza su temporalidad como para cualquier mortal de este planeta.

 

 

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