Anhelo

Mi primer compromiso con Cristian es saber si soy capaz de trasmitirle los sentimientos que se mueven en mí tras conocer su trabajo y  que ustedes encuentren la  belleza que emanan de sus obras.

Si la belleza no es captada por sus miradas, la belleza no se sabe; es en “vano”,  no cobra su sentido pleno.

Cada día estoy más convencido de que sólo “la palabra” no es capaz por sí misma de expresar los sentimientos que captamos en las lecturas de estas obras, estén donde estén.

 

LA OBRA DE CRISTIAN FERRER es, sin lugar a dudas, un compendio de sentimientos etéreos, que se inter-relacionan con espacios vacíos tangibles y que se complementan  con la luz y la proyección de sus sombras dentro de unos planos claramente definidos.

 

LA CARACOLA, es el objeto de referencia; la forma, el hábitat de vida y de silencios olvidados, almacén de personales e imaginados sonidos. Sueños de mares de múltiples azules, de rojos atardeceres, sol y olas de cadencias sonoras que bañan corazones y alimentan nuestra infancia.

 

EL PUNTO Y LA LÍNEA  son    inicio y cimientos para llegar a ese Triángulo que distorsiona y multiplica las múltiples visiones particulares de la forma y así cerrar la armonía implícita en el trabajo conceptual que aporta  el artista. Cristian llega a la consecución de un trabajo limpio y estéticamente llamativo después de traducir y sintetizar la forma armoniosa que la naturaleza otorgó a las múltiples, bellas y coloridas Caracolas Marinas.

 

LA LÍNEA que después de proyectarla fuera de ÉL, la aleja de su origen y la atrae de nuevo, para buscarle el equilibrio necesario en la triangulación. Aquí los vacíos no son ausencias de contenidos, son continuidades de la obra descrita y las sombras proyectadas  en los distintos planos de ubicación complementan visiones particulares con atractivos comunes.

 

EL EJE creciente que equilibra la línea estructural de la CARACOLA no se pierde en la forma central de las obras ni en las dimensiones externas que la acrecienta y  deforma intencionadamente para volver al cauce que las guías. Este eje esencial de equilibrio actúa en una proyección creciente hacia un espacio indeterminado, casi infinito.

 

LAS FORMAS, mimetismo de las líneas y de encuentros con los planos, son también los apoyos y prolongación de la expresión estética. Espacios de tiempos para la Luz y el Silencio. La percepción de la continuidad y la búsqueda de las figuras  comprensibles a nuestros ojos.

 

NO PODEMOS excluir el silencio envolvente que conjuga la vibración básica del sonido existente en cada una de ellas. Ese sonido que imaginamos, que recordamos unido a nuestra oreja, esa caracola real; sonido ciego que demanda nuestra escucha por ser tan real como intangible.

 

El pintor Javier Rivero en la inauguración de una de sus exposiciones, después de una extensa disertación sobre su obra por un especialista, la presentó solicitando silencio y nos demandó una actitud de interiorizar lo que captamos de lo creado. El filosofo alemán Steiner apuntaba que el artista, con el último trazo, dejaba un alo de su espíritu para que el observador lo conectara con el suyo.

 

Dijo Aristóteles: “La finalidad del Arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia”. Es ésta una premisa que Cristian cubre ampliamente en su obra.

 

Miguel Rodríguez

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