Esculturas Táctiles de Fernando Garcíarramos

            Crear como medio de llegar, de atravesar la línea de lo material para bucear en los límites del espíritu, ir al encuentro de la única existencia.

            GARCIARRAMOS lucha en un espacio permanente por alcanzar lo éterico y plasmarlo en belleza tangible, perceptible a través de cualquiera de los sentidos.

            Extrae la esencia de la forma, aún invisible a nosotros, la modela y nos la presenta para poder percibirla y compartirla.

            Rompe intencionadamente las formas definidas, convencionales, rompe de nuevo el espacio con siluetas inconclusas donde la percepción debe tomar parte activa, creativa y ser cómplice.

            Las líneas limitadoras se perfilan elegantes, casi sutiles. Confluyen y coquetean con la luz, el aire, el sonido, y todo en un sentimiento intencionado. Su intención es hacernos “vibrar”. El saber-sentir que estamos, que somos, “vivos”.

            La obra en sí misma acapara lo externo atrayéndolo hasta la esencia más profunda de su alma desde donde las expresiones más diversas enarbola la propia alma. “La común alma”.

            El trabajo más reciente de GARCÍARRAMOS nos impone un esfuerzo añadido, muy concreto; traspasar los límites sensoriales que habitualmente utilizamos en la percepción de una obra para llevarnos, no a lo inexistente, sino a lo inusual. Nos obliga a una interacción entre su obra, y la obra nunca acabada de nuestros sentires.

            El espíritu no puede verse atrapado en la forma y nuestros sentidos son quienes los reducen a ese espacio. Trabaja y desarrolla lo limitado para orientarlo a una dimensión ilimitada, sólo custodiada por nuestra creciente imaginación.

            No ver a través del sentido “vista” para los videntes, es algo complejo, inusual. Pero demandarnos que veamos sintamos con el espíritu, es por lo inhabitual más complejo. Nos obliga a trasladarnos a escenarios donde se establecen batallas entre la imaginación y el control por visualizar la franja existente en la energía condensada ya en la propia obra.

            Este escultor nos enseña a palpar el espíritu de la forma, sentimiento que la mayoría no alcanzamos por el hecha de quedarnos sólo en la silueta externa de la energía.

Miguel Rodríguez

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